Hacer lo que nos gusta y dejar evidencia

Hoy en día, el llamado lujo en la hotelería no está en lo que brilla, sino en lo que emociona. Indiferentemente de las estrellas que tenga la propiedad.

Hace algunos días compartía una celebración con mis colegas y compañeros de trabajo a quienes les explicaba, sobre todo al equipo de alimentos y bebidas, que, durante mucho tiempo, en la hostelería se había asociado el lujo con lo exclusivo y por eso nos acostumbramos a ver vajillas de autor, ingredientes difíciles de conseguir, menús interminables, con impecable presentación o cartas de vino que parecen enciclopedias. Pero este concepto cada vez ha quedado más obsoleto.

En la actualidad, el verdadero lujo está puesto en los detalles que no se pueden comprar. En el servicio genuino, en la atención esmerada, en la capacidad de hacer sentir especial a quien tienes delante. En el lujo que representa cuando un camarero recuerda tus preferencias sin que tengas que repetirlas. En el lujo de recibir el pan o la entrada, en el momento indicado, sin interrumpir la conversación o que el cocinero se acerque a contarte por qué ese plato tiene sentido para él. Es un lujo sentirte reconocido por el personal de recepción y bien atendido por el personal de aseo en los pasillos. Por esto se ha considerado un lujo poder compartir una foto del mejor momento o plato que recibiste durante el servicio o alojamiento.

Al parecer hoy en día, el servicio debe ser instagramiable

A pesar de que la palabra “Instagrammable”, en un diccionario urbano, es simplemente definida como “Una foto o una imagen que vale la pena publicar” el concepto va más allá de un adjetivo de moda. Dicho de otra forma, debes de convertir tu servicio en una anécdota o experiencia, que las personas deseen compartir

Todo esto no tiene nada que ver, ni guarda relación con el precio del producto, sino de lo que hay detrás: del tiempo que se dedica, del equipo que lo sostiene, de la forma en que se construye la experiencia. Aunque muchas veces, esto sea simplemente un detalle.

Porque lo más exclusivo hoy no es lo que cuesta más, sino lo que se hace con más conciencia. Y eso solo se consigue cuando las personas que están al frente se lo creen, lo viven y lo transmiten de forma genuina y consistente.